En los partidos de la Asociación Nacional Femenina de Baloncesto de EE.UU. se han reanudado las acciones vandálicas.
Hace un año, un grupo de empresarios de criptomonedas comenzó a lanzar juguetes sexuales a las canchas de baloncesto para llamar la atención sobre su nuevo memecoin Green Dildo (DILDO). Los organizadores afirmaron que su objetivo era ridiculizar el entorno tóxico de influencers y estafadores en la industria, pero solo provocaron indignación entre los aficionados al deporte.
Para promover el token, los creadores no solo organizaron provocaciones en las gradas, sino que también lanzaron una colección de 1000 NFT, de los cuales más de la mitad quedaron sin reclamar. Además, abrieron mercados de predicciones en la plataforma Polymarket, ofreciendo a los usuarios apostar sobre cuándo ocurriría el próximo incidente.
Un representante del grupo, conocido bajo el seudónimo Daldo Raine, dijo que sus acciones eran intentos de cambiar la cultura de la comunidad cripto sin enormes presupuestos publicitarios. Sin embargo, los métodos que utilizaron no dan lugar a tales pensamientos. Según datos policiales, al menos dos personas fueron arrestadas por participar en estos incidentes, incluido Kaden López, de 18 años, a quien se le imputaron cargos tras lanzar un objeto a los espectadores en un partido de Phoenix Mercury.
Los alborotadores recibieron prohibiciones indefinidas para asistir a los partidos femeninos y masculinos de la Asociación Nacional de Baloncesto de EE.UU., y en total, en un corto período, se registraron al menos cinco casos similares.
Sin embargo, los miembros del grupo no cesan en sus intentos de llamar la atención. Recientemente, intentaron justificar sus fechorías como una protesta contra la participación de atletas transgénero. Sin embargo, estas declaraciones no están respaldadas por hechos y solo sirvieron como tapadera para la publicidad desleal del memecoin.
A pesar de toda su extravagancia, el token no logró interesar a la comunidad. Según analistas, más del 80% de toda la emisión está controlada por siete carteras, lo que indica una colosal centralización y enormes riesgos de manipulación del precio.
Los tiempos en que cualquier acto viral o escandaloso podía garantizar el éxito de un proyecto de criptomonedas han pasado. El inversor moderno es más exigente y cauteloso, optando por la transparencia de la tokenómica y la utilidad real del activo.
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