Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal de EE. UU., falleció el lunes en su casa de Washington a los 100 años, debido a complicaciones de la enfermedad de Parkinson. Su esposa, Andrea Mitchell, corresponsal jefe de NBC News en Washington, anunció la noticia. Para los mercados globales, Greenspan no era solo el nombre de un ex banquero central: dirigió la Fed durante casi 19 años, presenciando el paso de EE. UU. desde el crac bursátil de 1987 hasta el auge de Internet, y también quedó envuelto en el cuestionamiento histórico tras la crisis financiera de 2008 después de dejar el cargo.
Su vida resume casi todas las controversias centrales del mercado de capitales estadounidense en las últimas décadas: ¿puede el mercado autoregularse? ¿Debe el banco central intervenir activamente para evitar burbujas?
Dirigió la Fed durante casi 19 años, abarcando cuatro presidencias
Greenspan asumió como presidente de la Fed en agosto de 1987 y se retiró en enero de 2006, con un mandato de casi 19 años, siendo el segundo presidente de la Fed con el mandato más largo en la historia de EE. UU., solo superado por William McChesney Martin.
Este período abarcó las presidencias de Reagan, George H. W. Bush, Clinton y George W. Bush, y también atravesó el final de la Guerra Fría, la ola de Internet, la aceleración de la globalización y la expansión de la innovación financiera. El hecho de que recibiera nombramientos consecutivos bajo gobiernos de ambos partidos ya indica su posición especial entre Washington y Wall Street.
En su apogeo, Greenspan era conocido como "Maestro". Este título no era solo un halo personal, sino que representaba la fuerte confianza de Estados Unidos en la década de 1990 en el progreso tecnológico, el libre mercado y la eficiencia del mercado de capitales. En ese entonces, la economía estadounidense experimentaba una larga expansión, la inflación se mantenía moderada, y el mercado de valores y la productividad crecían simultáneamente. Externamente, se creía que los bancos centrales podían mantener el crecimiento y la estabilidad sin intervenir fuertemente en los mercados.
La imagen pública de Greenspan también estaba impregnada de un fuerte carácter tecnocrático. A menudo hablaba con cautela y de manera opaca, pero los mercados analizaban cada palabra de sus discursos en busca de señales sobre la dirección de las tasas de interés. Esta era en la que "una frase del presidente de la Fed podía afectar a los mercados globales" alcanzó su punto máximo durante su mandato.
Desde el crac de 1987 hasta el 11-S, fue visto como un timonel de crisis
Poco después de asumir el cargo, Greenspan enfrentó su primera gran prueba. En octubre de 1987, ocurrió el "Lunes Negro" en el mercado de valores estadounidense, con el índice industrial Dow Jones cayendo drásticamente en un solo día. La Fed actuó rápidamente para inyectar liquidez y apoyar el mercado, un paso considerado crucial para estabilizar el sistema financiero.
Posteriormente, también enfrentó la crisis financiera asiática, la crisis de deuda rusa, el colapso de Long-Term Capital Management (LTCM) y el impacto en los mercados tras los ataques del 11 de septiembre de 2001. En estos momentos, las inyecciones de liquidez y las bajadas de tasas de interés por parte de la Fed reforzaron la imagen de Greenspan como "gestor de crisis".
Este estilo de política más tarde fue resumido por el mercado como el "Greenspan Put" o "Put de Greenspan". No era una política formal, sino una expectativa del mercado: cuando los precios de los activos caían significativamente y el sistema financiero se veía presionado, la Fed intervendría para sostenerlos. Para los inversores, esta expectativa reducía el pánico; pero desde otra perspectiva, también podía fomentar un mayor apalancamiento y una toma de riesgos más agresiva.
El propio Greenspan no era simplemente sinónimo de "política monetaria siempre expansiva". En 1996, usó la frase "exuberancia irracional" para advertir sobre el sobrecalentamiento del mercado de valores, una frase que luego se convirtió en famosa en la historia financiera. El problema fue que la advertencia no se tradujo en una política contundente para frenar la burbuja de activos. Para él, era difícil para un banco central determinar con precisión cuándo se formaba una burbuja y también era difícil pincharla prematuramente sin dañar la economía real.
Esta evaluación parecía pragmática durante los tiempos de bonanza, pero se convirtió en un punto de partida para la controversia después de la crisis.
Su filosofía favorable al mercado fue reevaluada tras 2008
La esencia de la política de Greenspan era favorable al mercado. Creía que los precios del mercado podían sintetizar información, que la innovación financiera podía dispersar riesgos y que una regulación excesiva debilitaba la eficiencia. También apoyó durante mucho tiempo el libre comercio, la desregulación y el aumento de la productividad impulsado por la tecnología.
Esta filosofía coincidía plenamente con el ambiente económico estadounidense de la década de 1990. Tras el final de la Guerra Fría, la globalización y la expansión de la tecnología de la información generaron un enorme optimismo. La innovación financiera en Wall Street se aceleró, con una expansión constante de productos derivados complejos, productos titulizados y operaciones fuera de balance de los bancos. Antes de la crisis, estas herramientas se describían a menudo como avances que mejoraban la eficiencia en la asignación de capital y dispersaban los riesgos financieros.
Pero la crisis financiera de 2008 cambió el lugar de Greenspan en la historia.
Los críticos argumentan que la Fed mantuvo las tasas de interés demasiado bajas durante demasiado tiempo después del estallido de la burbuja de las punto com y del 11-S, alimentando el sobrecalentamiento del mercado inmobiliario; que los reguladores fueron demasiado complacientes con la expansión del riesgo en los bancos y Wall Street, sin restringir la expansión de la titulización de hipotecas, el apalancamiento y los complejos productos financieros; y que el banco central, a sabiendas de que los precios de los activos podían desviarse de sus fundamentos, se mostró reacio a confrontar directamente las burbujas.
Estas críticas no significan que la crisis de 2008 pueda atribuirse únicamente a Greenspan. Las causas de la crisis incluyen múltiples factores como la estructura regulatoria, los incentivos de las instituciones financieras, el sistema de calificación, las políticas de vivienda y los flujos globales de capital. Pero, como el formulador de políticas monetarias más influyente antes de la crisis y representante de la filosofía del libre mercado, era natural que se convirtiera en el centro de la controversia.
En sus últimos años, Greenspan defendió su legado político. Admitió que su juicio sobre la capacidad de autorregulación de las instituciones financieras había sido defectuoso, pero también enfatizó que las burbujas a menudo son difíciles de identificar con precisión mientras se forman, y que los formuladores de políticas no podían tener una visión completa de la crisis de antemano.
Su valoración póstuma sigue suspendida entre dos eras
El fallecimiento de Greenspan todavía atrae la atención de los mercados globales porque el debate en torno a él no ha desaparecido con el tiempo.
En los ojos de sus partidarios, fue el timonel del banco central durante un largo período de prosperidad estadounidense, mantuvo estable el sistema financiero frente a múltiples shocks externos y ayudó a la economía estadounidense a atravesar la etapa clave desde los recuerdos de alta inflación hacia el crecimiento con baja inflación. Sin la era de Greenspan, es difícil comprender el optimismo del mercado de capitales estadounidense en la década de 1990 y la confianza de los inversores globales en la Fed.
En los ojos de sus críticos, también fue una figura emblemática de la era de la permisividad financiera. Las bajas tasas de interés, la regulación laxa y la confianza en la capacidad de autocorrección del mercado finalmente mostraron su costo en la burbuja inmobiliaria, la crisis de las hipotecas subprime y los desequilibrios del sistema financiero global. Después de 2008, el giro de la Fed y del sistema regulatorio estadounidense hacia una regulación más fuerte y una intervención a mayor escala fue, en cierto modo, una reacción a la era de Greenspan.
Esta es precisamente la complejidad del legado de Greenspan: no fue simplemente el creador de la prosperidad, ni puede ser descrito simplemente como el causante de la crisis. Representó una era que creía que el mercado, la tecnología y la innovación financiera podían mejorar continuamente el funcionamiento de la economía; y el final de esa era obligó al mundo a repensar los límites entre los bancos centrales, la regulación y el mercado.
Para los inversores de hoy, la muerte de Greenspan no es una mera nota histórica. Cada vez que el mercado apuesta a que la Fed cambiará hacia políticas expansivas en una crisis, cada vez que el aumento de los precios de los activos coexiste con los riesgos para la estabilidad financiera, la pregunta de la "era de Greenspan" resurge: ¿El banco central está estabilizando el mercado o está fomentando la próxima acumulación de riesgo? Esta pregunta aún no tiene una respuesta definitiva.






