Autor: Zhou Hang
En la última década, si le mencionabas a una persona común "criptomonedas", lo más probable es que las palabras que le vinieran a la mente fueran: enriquecimiento rápido, estafa, hackers, o algún tipo de juguete geek incomprensible.
Desde la aparición del Bitcoin (BTC), hasta la revolución de los contratos inteligentes de Ethereum (ETH), y el bullicio de varias cadenas públicas y stablecoins, este mundo ha estado ruidoso durante más de una década. Innumerables mentes extremadamente inteligentes y una gran cantidad de fondos han entrado en él, tratando de construir una utopía descentralizada.
Pero en la vida real seguimos sintiéndonos perplejos: aparte de ser un activo especulativo altamente volátil, aparte de comprar barato y vender caro en los exchanges, ¿para qué sirven realmente las criptomonedas? Cuando bajamos a comprar un café, seguimos escaneando WeChat o Alipay; para las transferencias internacionales, seguimos teniendo que pasar por las tediosas transferencias bancarias.
Decía que iba a disruptir las finanzas, pero parece que ni siquiera puede hacer bien el "pago" más básico.
Hasta hoy, con la llegada de los A2A (Agent to Agent) economías inteligentes, esta perplejidad finalmente tiene una respuesta: las criptomonedas no han fracasado, simplemente en la última década han estado buscando al usuario equivocado.





