La vivienda ha atrapado a varias generaciones, hasta que alguien decidió "dividirla"
La propiedad inmobiliaria, adquirida por la generación del baby boom en condiciones económicas favorables, se ha convertido en un activo inmóvil y problemático para las generaciones más jóvenes que la heredarán. Con un valor estimado de 124 billones de dólares en transferencias intergeneracionales en 25 años, esta riqueza —mayoritariamente inmobiliaria— presenta desafíos de liquidez, distribución y gestión.
Los millennials enfrentan precios de vivienda inalcanzables y altas tasas hipotecarias, mientras heredan propiedades cargadas de costos emocionales y legales. La tokenización de activos del mundo real (RWA) surge como solución al permitir la división de la propiedad en tokens digitales, facilitando ventas parciales, distribución flexible entre herederos, movilidad transfronteriza y acceso anticipado al patrimonio.
Aunque no resuelve la crisis de accesibilidad a la vivienda, la tokenización —respaldada por gigantes como BlackRock y JPMorgan— adapta la herencia inmobiliaria a una generación que concibe la riqueza como digital, líquida y libre de ataduras físicas.
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