Un nuevo documento del Banco de Pagos Internacionales (BIS) sostiene que las criptomonedas en auto-custodia podrían convertirse en el próximo punto débil en la aplicación de las normas contra el lavado de dinero si los reguladores endurecen las reglas en torno a otros sistemas de pago sin cerrar la brecha en torno a las carteras controladas por los usuarios. La preocupación central es sencilla: cuando un canal se vuelve más difícil de usar, los flujos ilícitos no desaparecen. Se trasladan.
El BIS advierte sobre las carteras de criptomonedas auto-alojadas
Utilizando a la UE como su principal caso de estudio, el documento afirma que las carteras auto-alojadas ocupan una posición particularmente sensible porque no dependen de un intermediario identificable para realizar la debida diligencia del cliente, monitorear las transacciones o presentar reportes de actividades sospechosas. Esa es la distinción de diseño a la que los autores regresan constantemente.
“Las carteras auto-alojadas son un tipo de cartera que es controlada enteramente por el usuario, sin depender de un intermediario. La validación de las transacciones de criptoactivos auto-alojados tiene lugar en una blockchain pública sin permisos, sin que ningún intermediario individual sea responsable de actualizar las cuentas.” Sobre esta base, el documento afirma que los pagos con criptoactivos auto-alojados, en ausencia de medidas adicionales, presentan una de las probabilidades más bajas de detección y aplicación.
El documento va un paso más allá. Afirma que, en la práctica, las carteras auto-alojadas pueden ser incluso más atractivas para uso ilícito que el efectivo. Los autores argumentan que el efectivo aún ofrece el nivel más bajo de supervisión por diseño, pero las limitaciones físicas importan: es voluminoso, más difícil de mover a gran escala y más arriesgado de almacenar o transportar. Las criptomonedas en auto-custodia no tienen esas mismas fricciones, lo que significa que la portabilidad y la velocidad transfronteriza de los activos digitales pueden amplificar la brecha de cumplimiento una vez que los intermediarios quedan fuera de la ecuación.
Este enfoque se relaciona con lo que el documento llama el “efecto colchón de agua”. “Las diferencias en la probabilidad de detección... pueden conducir a un arbitraje entre instrumentos de pago. Esto podría llamarse un efecto colchón de agua: si el agua se presiona en un área, brota en otra. Con el tiempo, esta dinámica debilita la efectividad general de los marcos AML/CFT (Lucha contra el Lavado de Dinero y el Financiamiento del Terrorismo) y hace necesaria la intervención regulatoria y supervisora.” En el contexto de las criptomonedas, el punto no es simplemente que la auto-custodia conlleva riesgo, sino que una regulación desigual puede redirigir activamente a los actores malintencionados hacia ella.
El ejemplo de la UE es central para este argumento. Las carteras de criptomonedas alojadas (por terceros) ahora están integradas de manera mucho más estrecha en la arquitectura AML del bloque a través del marco más amplio de proveedores de servicios de criptoactivos (CASP), las obligaciones de monitoreo actualizadas y el régimen de la Regla de Viaje. El documento señala que las carteras y servicios que permiten el anonimato están siendo expulsados del perímetro regulado.
Por el contrario, las carteras auto-alojadas son tratadas de manera más indirecta: las transacciones que las involucran no están sujetas a diligencia debida y monitoreo de transacciones a menos que un CASP esté en un lado de la transferencia. En esos casos, los CASP deben evaluar el riesgo de lavado de dinero y financiamiento del terrorismo y aplicar medidas mitigantes.
Lo que hace notable esta asimetría, dicen los autores, es que el efectivo tiene un respaldo duro que el segmento de auto-custodia no tiene. Su tabla de comparación lo establece claramente: el efectivo en la UE está sujeto a un límite de transacción de €10,000, mientras que los criptoactivos auto-alojados enfrentan “sin límites de transacción o tenencia.” La conclusión del documento es que esta diferencia “puede proporcionar un incentivo para que los actores maliciosos cambien del efectivo a las carteras de criptoactivos auto-alojados.”
Al cierre de esta edición, la capitalización total del mercado de criptomonedas se situaba en $2.37 billones (trillones en escala corta).








