En la reunión del Consejo de Estado de Rusia a finales de año, el 25 de diciembre, el tema oficial fue la formación rutinaria del personal gubernamental.
Sin embargo, según los informes de Andrei Kolesnikov de Kommersant, el mensaje real que sale del Kremlin apunta a un sorprendente giro en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia.
Según los informa, el presidente Vladimir Putin dijo que Estados Unidos ha mostrado interés en utilizar una posible participación en la central nuclear de Zaporiyia (ZNPP) para llevar a cabo la minería de criptomonedas a gran escala.
De ser cierto, esto cambiaría el papel de la central, pasando de ser un activo en primera línea de guerra a una pieza clave de la infraestructura digital global.
Comienza la discusión sobre la minería de Bitcoin
En lugar de tratar solo sobre el suministro eléctrico de Ucrania o el control militar, la central podría convertirse en una moneda de cambio en negociaciones de paz más amplias.
Convertirla de una zona de conflicto en un centro de minería de criptomonedas sería una mezcla inusual de política energética, economía digital y diplomacia de alto nivel.
Proporcionando más información al respecto, Kommersant informó:
“Vladimir Putin afirmó que la parte rusa todavía está dispuesta a hacer las concesiones que hizo en Anchorage. En otras palabras, que ‘Donbas es nuestro'”.
Según el reportero de Kommersant, el Kremlin está considerando un acuerdo territorial de alto riesgo en el que Putin todavía aspira al control total de la región de Donbas, pero parece dispuesto a intercambiar territorio fuera de ella.
En este escenario, la central nuclear de Zaporiyia (ZNPP) se convertiría en una herramienta de negociación clave.
El papel de la central nuclear de Zaporiyia
Rusia ocupa la central desde marzo de 2022. Y, sin embargo, los ingenieros ucranianos, ahora obligados a tomar pasaportes rusos, continúan operándola, creando una forma de “cooperación forzada” que refleja directamente las ideas de operación conjunta que aparecen en las conversaciones de paz.
Naturalmente, el conflicto principal ahora se centra en quién gestionará la central.
Según los informes, Estados Unidos ha propuesto una división tripartita del 33%, colocando a funcionarios estadounidenses a cargo de las operaciones.
Por otro lado, Ucrania ha rechazado cualquier negocio conjunto con Rusia. En cambio, está impulsando una asociación 50-50 con Estados Unidos, dando a Washington la autoridad para decidir si asignar parte de su participación a Rusia.
La ironía, sin embargo, es que la ZNPP no puede producir energía en absoluto.
Sus seis reactores permanecen apagados. La central depende de generadores diésel, y miles de ataques rusos han llevado a la red energética de Ucrania al borde del colapso.
Mientras que los mineros de criptomonedas actuales de Ucrania usan solo alrededor de 33 kW por hora, una ZNPP completamente restaurada podría soportar algunas de las granjas de minería más grandes del mundo. Y, sin embargo, los riesgos de seguridad, los daños a la red y los límites legales hacen que una reactivación sea imposible por ahora.
Más cambios
Aun así, todo esto encaja en el cambio dramático de la política de criptomonedas de Rusia.
Recientemente, Rusia destacó su plan de construir un sistema de activos digitales estrictamente controlado para lanzarlo antes del 1 de julio de 2026, permitiendo un amplio acceso a los inversores institucionales mientras limita a los usuarios minoristas a pruebas y un límite anual de 300,000 rublos.
Para 2027, cualquier actividad de criptomonedas fuera de este sistema regulado será tratada como banca ilegal.
Juntos, la propuesta de minería en la ZNPP y las nuevas reglas de criptomonedas de Rusia revelan un patrón claro: Moscú no está adoptando las criptomonedas por razones ideológicas, sino utilizándolas como una herramienta estratégica.
Reflexiones finales
- La disposición de Putin a intercambiar territorio fuera de Donbas indica una flexibilidad selectiva, pero también un deseo de consolidar un control irreversible sobre la región.
- La aparición de la minería de criptomonedas en las negociaciones de paz nuclear es una señal de lo impredecible que se ha vuelto la diplomacia del siglo XXI.







