Rumbo a una OPV de 1,5 billones de dólares: Cómo Musk estuvo a punto de perderlo todo

marsbitPublicado a 2025-12-19Actualizado a 2025-12-19

Resumen

En 2025, SpaceX se prepara para una OPI histórica valorando la empresa en 8000 millones de dólares, con el objetivo de alcanzar una valoración de 1,5 billones. Este hito es el resultado de una épica lucha que comenzó en 2002, cuando Elon Musk fundó SpaceX con 100 millones de dólares de su venta de PayPal, desafiando a gigantes aeroespaciales como Boeing y Lockheed Martin. Los primeros años estuvieron marcados por fracasos: tres lanzamientos fallidos del cohete Falcon 1 entre 2006 y 2008 que casi llevan a la quiebra a la empresa. En su momento más oscuro, con Tesla al borde del colapso y su vida personal en crisis, el cuarto y último intento en septiembre de 2008 fue un éxito rotundo, salvando la compañía y atrayendo un contrato crucial de la NASA por 1600 millones de dólares. SpaceX revolucionó la industria con dos ideas radicales: la reutilización de cohetes, lograda por primera vez en 2015, y el uso de acero inoxidable en lugar de materiales composites para su nave Starship, reduciendo costes drásticamente. Su proyecto Starlink, con 7,65 millones de suscriptores en 2025, se convirtió en la verdadera máquina de ingresos, representando el 80% de sus ganancias. La próxima OPI, que podría recaudar 30.000 millones, no es para enriquecer a accionistas, sino para financiar el sueño final de Musk: establecer una ciudad autosuficiente en Marte en las próximas dos décadas.

En el invierno de 2025, la brisa marina seguía siendo salada y feroz en Boca Chica, Texas, pero el ambiente en Wall Street era inusualmente febril.

El 13 de diciembre, una noticia irrumpió en los titulares financieros como un cohete Falcon Heavy: La última ronda de venta interna de acciones de SpaceX valora la empresa en 800.000 millones de dólares.

Un memorándum interno mostraba que SpaceX se preparaba activamente para su OPV (Oferta Pública de Venta) en 2026, con planes de recaudar más de 30.000 millones de dólares. Musk espera que la valoración total de la empresa alcance los 1,5 billones de dólares. De lograrse, situaría la capitalización bursátil de SpaceX cerca del nivel récord establecido por Saudi Aramco en su salida a bolsa en 2019.

Para Musk, era un momento profundamente surrealista.

Como la persona más rica del mundo, su fortuna personal, impulsada por el despegue de este "supercohete" llamado SpaceX, volvería a batir récords históricos, convirtiéndolo en el primer billonario (en dólares) de la historia humana.

Si retrocedemos el reloj 23 años, nadie habría creído este desenlace. En aquel entonces, SpaceX, a ojos de gigantes como Boeing y Lockheed Martin, no era más que un "advenedizo manufacturero" al que podían aplastar en cualquier momento.

Más exactamente, se parecía más a un desastre interminable.

Cuando un hombre decide construir cohetes

2001. Elon Musk tenía 30 años.

Acababa de cobrar su participación en PayPal, tenía cientos de millones de dólares en efectivo y se encontraba en el típico "punto de libertad" de Silicon Valley. Podría haber seguido el camino de Marc Andreessen, fundador de a16z: vender su empresa y convertirse en inversor, evangelizador, o simplemente no hacer nada.

Pero Musk eligió el camino más inimaginable.

Iba a construir cohetes e ir a Marte.

Persiguiendo ese sueño, viajó a Rusia con dos amigos para intentar comprar cohetes portadores Dnepr reacondicionados como medio de transporte para su plan "Mars Oasis".

El resultado fue humillante.

En una reunión con la oficina de diseño Lavochkin, un diseñador jefe ruso escupió despectivamente a Musk, considerando que este nuevo rico estadounidense no entendía nada de tecnología espacial. Finalmente, le ofrecieron un precio astronómico y le insinuaron que "si no tenía dinero, que se largara". El equipo regresó con las manos vacías.

En el vuelo de regreso, sus compañeros estaban desmoralizados, pero Musk se puso a teclear en su ordenador. Momentos después, se volvió y mostró una hoja de cálculo: "Oye, creo que podemos construirlos nosotros mismos."

Ese mismo año, China acababa de lanzar la Shenzhou 2. La exploración espacial era vista como un "milagro" que requería el esfuerzo de toda una nación, un juego solo para superpotencias. Que una empresa privada quisiera construir cohetes era tan ridículo como si un niño de primaria anunciara que iba a construir un reactor nuclear en su patio trasero.

Este fue el "de cero a uno" de SpaceX.

Crecer es fracasar constantemente

Febrero de 2002. En el 1310 East Grand Avenue, El Segundo, un suburbio de Los Ángeles, en un antiguo almacén de 75,000 pies cuadrados, SpaceX fue fundada oficialmente.

Musk destinó 100 millones de dólares de los beneficios obtenidos de la venta de PayPal como capital inicial. La visión de la empresa se estableció como ser la "Southwest Airlines de la industria espacial", ofreciendo servicios de transporte espacial de bajo coste y alta fiabilidad.

Pero la realidad pronto asestó un duro golpe a este idealista: construir cohetes no solo era difícil, sino también absurdamente caro.

En la industria espacial hay un viejo dicho: "Sin mil millones de dólares, ni siquiera puedes despertar a Boeing".

Los 100 millones de dólares de capital inicial de Musk parecían una gota en el océano en esta industria. Más grave aún, SpaceX se enfrentaba a un mercado controlado firmemente por veteranos centenarios como Boeing y Lockheed Martin. Estos gigantes no solo tenían una sólida capacidad tecnológica, sino también profundas redes de contactos gubernamentales.

Estaban acostumbrados al monopolio, a los sustanciosos contratos gubernamentales, y su actitud hacia el recién llegado, SpaceX, era una sola: reírse.

2006. El primer cohete de SpaceX, el "Falcon 1", estaba en la plataforma de lanzamiento.

Era un homenaje al proyecto FALCON de DARPA (Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa de EE.UU.) y también contenía admiración por el Halcón Milenario de Star Wars. Era pequeño, incluso un poco cutre, como un producto semiacabado.

Como era de esperar, 25 segundos después del despegue, el cohete explotó.

2007. Segundo lanzamiento. Tras unos minutos de vuelo, volvió a descontrolarse y se estrelló.

Las burlas llovieron por doquier. Alguien comentó con sarcasmo: "¿Cree que un cohete es como código? ¿Que se puede parchear?"

Agosto de 2008. El tercer fracaso fue el más devastador. La primera y la segunda etapa colisionaron, y la esperanza recién encendida se convirtió instantáneamente en fragmentos en el cielo del Pacífico.

El ambiente cambió por completo. Los ingenieros comenzaron a sufrir insomnio, los proveedores empezaron a exigir pago al contado, los medios dejaron de ser educados. Y lo más fatal: el dinero se estaba agotando.

2008. Este fue el año más oscuro de la vida de Musk.

La crisis financiera arrasó el mundo, Tesla estaba al borde de la quiebra, su esposa de diez años lo abandonó... SpaceX solo tenía fondos para un último lanzamiento. Si el cuarto intento fallaba, SpaceX se disolvería y Musk lo perdería todo.

Fue entonces cuando recibió la puñalada más profunda.

Los héroes de la infancia de Musk, el "primer hombre en la luna" Neil Armstrong y el "último hombre en la luna" Eugene Cernan, se manifestaron públicamente en total desacuerdo con su plan de cohetes. Armstrong declaró sin rodeos: "No entiendes lo que no conoces".

Al recordar más tarde esos días, Musk se emocionó ante las cámaras. No lloró cuando explotaron los cohetes, no lloró cuando la empresa estuvo a punto de quebrar, pero al mencionar las burlas de sus ídolos, lloró.

Musk le dijo al presentador: "Esas personas eran héroes para mí, fue muy duro. Realmente desearía que vinieran a ver lo difícil que es mi trabajo".

En ese momento, apareció una línea de subtítulos: A veces, tus ídolos te decepcionan. (Sometimes the very people you look up to, let you down.)

Supervivencia extrema

Antes del cuarto lanzamiento, nadie volvió a hablar del plan para Marte.

Toda la empresa estaba sumida en un silencio trágico. Todos sabían que este Falcon 1 estaba construido con las últimas monedas. Si fallaba, la empresa estaba condenada a desaparecer.

El día del lanzamiento, no hubo grandes declaraciones, ni discursos apasionados. Solo un grupo de personas de pie en la sala de control, mirando en silencio las pantallas.

28 de septiembre de 2008. El cohete despegó, una columna de fuego iluminó la noche.

Esta vez el cohete no explotó, pero el silencio en la sala de control persistió hasta que, 9 minutos después, el motor se apagó según lo previsto y su carga útil entró en la órbita prevista.

"¡Éxito!"

El centro de control estalló en una tormenta de aplausos y vítores. Musk alzó los brazos, y su hermano Kimball, a su lado, comenzó a llorar.

El Falcon 1 hizo historia. SpaceX se convirtió en la primera empresa comercial privada del mundo en lograr lanzar con éxito un cohete a la órbita.

Este éxito no solo salvó a SpaceX, sino que también le valió a la empresa una "píldora para prolongar la vida".

El 22 de diciembre, el teléfono de Musk sonó, poniendo fin a su nefasto 2008.

William Gerstenmaier, director de operaciones espaciales de la NASA, le dio una buena noticia: SpaceX había obtenido un contrato de 1.600 millones de dólares para realizar 12 viajes de ida y vuelta entre la estación espacial y la Tierra.

"Amo a la NASA", exclamó Musk, y luego cambió su contraseña de inicio de sesión del ordenador a "ilovenasa".

Habiendo estado al borde de la muerte, SpaceX había sobrevivido.

Jim Cantrell, uno de los primeros en participar en el desarrollo de cohetes de SpaceX, el viejo amigo que una vez le prestó a Musk sus libros de texto universitarios sobre cohetes, recordó con emoción el exitoso lanzamiento del Falcon 1:

"El éxito de Elon Musk no se debe a su visión, no a su inteligencia excepcional, ni a su incansable dedicación, aunque todo eso sea cierto. El elemento más importante de su éxito es que en su diccionario no existe la palabra 'fracaso'. El fracaso nunca ha estado dentro de su marco de pensamiento."

Hacer volver el cohete

Si la historia terminara aquí, sería solo una leyenda inspiradora.

Pero la parte realmente formidable de SpaceX apenas comenzaba.

Musk insistía en un objetivo que parecía irracional: Los cohetes deben ser reutilizables.

Casi todos los expertos internos se oponían. No porque fuera técnicamente imposible, sino porque era comercialmente demasiado arriesgado, como "nadie recicla vasos desechables".

Pero Musk insistió.

Argumentaba que si los aviones se tiraran después de un vuelo, nadie podría permitirse volar. Si los cohetes no son reutilizables, la exploración espacial siempre será un juego para unos pocos.

Esta era la lógica subyacente de Musk, el primer principio.

Volviendo al inicio de la historia, ¿por qué Musk, formado como programador, se atrevió a meterse en la construcción de cohetes?

En 2001, después de revisar innumerables libros especializados, Musk utilizó una hoja de cálculo Excel para desglosar detalladamente los costes de construir un cohete. El análisis mostró que el coste de fabricación de los cohetes había sido inflado artificialmente decenas de veces por los gigantes aeroespaciales tradicionales.

Estos gigantes acostumbrados a la comodidad de los "costes plus" cobraban cientos de dólares por un simple tornillo. Musk preguntaba: "¿Cuánto cuesta la materia prima, aluminio y titanio, en la Bolsa de Metales de Londres? ¿Por qué una pieza terminada cuesta mil veces más?"

Si el coste era inflado artificialmente, entonces podía ser reducido artificialmente.

Guiado por el primer principio, SpaceX emprendió un camino casi sin retorno.

Lanzar una y otra vez, analizar las explosiones, seguir explotando cohetes, intentar recuperarlos repetidamente.

Todas las dudas se silenciaron abruptamente aquella noche invernal.

21 de diciembre de 2015. Un día destinado a ser grabado en la historia de la exploración espacial humana.

El cohete Falcon 9, con 11 satélites a bordo, despegó desde la Base de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral. Diez minutos después, ocurrió el milagro: la primera etapa del propulsor regresó con éxito al lugar de lanzamiento y aterrizó verticalmente en la zona de aterrizaje de Florida, como en una película de ciencia ficción.

En ese momento, las viejas reglas de la industria aeroespacial fueron destrozadas por completo.

La era del espacio asequible fue inaugurada por esta empresa que una vez fue considerada "cutre".

Construir Starship con acero inoxidable

Si recuperar cohetes fue un desafío de SpaceX a la física, construir la Starship (Nave Espacial) con acero inoxidable fue un "golpe de dimensión superior" de Musk a la ingeniería.

En las primeras fases de desarrollo de la Starship, destinada a colonizar Marte, SpaceX también cayó en la obsesión por los "materiales de alta tecnología". El consenso de la industria era que para volar a Marte, el cohete debía ser lo suficientemente ligero, por lo que debía utilizar costosos y complejos materiales compuestos de fibra de carbono.

Para ello, SpaceX invirtió enormes sumas de dinero y fabricó enormes moldes para enrollar fibra de carbono. Sin embargo, el lento progreso y los altos costes alertaron a Musk, quien, volviendo al primer principio, hizo cálculos:

La fibra de carbono costaba 135 dólares por kilo y era extremadamente difícil de procesar; mientras que el acero inoxidable 304, el material con el que se fabrican cacerolas y utensilios de cocina, costaba solo 3 dólares por kilo.

"¡Pero el acero inoxidable es demasiado pesado!"

Frente a las dudas de los ingenieros, Musk señaló una verdad física ignorada: el punto de fusión.

La fibra de carbono resiste mal el calor y debe cubrirse con pesadas y costosas losas de aislamiento térmico. El acero inoxidable tiene un punto de fusión de hasta 1400 grados y, en las temperaturas ultra frías del oxígeno líquido, su resistencia aumenta. ¡Calculando el peso total del sistema, el cohete construido con el "pesado" acero inoxidable tenía un peso comparable al de la fibra de carbono, pero con un coste 40 veces menor!

Esta decisión liberó a SpaceX de las ataduras de la fabricación de precisión y los materiales aeroespaciales. No necesitaban salas blancas; podían soldar cohetes como si fueran tanques de agua bajo una carpa en el desierto de Texas. Si explotaban, no importaba, se barrían los fragmentos y al día siguiente se seguía soldando.

Esta forma de pensar basada en el primer principio impregnó toda la historia de SpaceX. Desde cuestionar "¿por qué los cohetes no pueden ser reutilizables?" hasta "¿por qué los materiales espaciales deben ser caros?". Musk siempre partía de las leyes físicas más básicas para desafiar las suposiciones establecidas de la industria.

"Hacer ingeniería de primer nivel con materiales al precio de una col" es la verdadera ventaja competitiva de SpaceX.

Starlink es el verdadero arma definitiva

Los avances tecnológicos trajeron consigo una escalada en la valoración.

Desde los 13.000 millones de dólares en 2012, hasta los 400.000 millones en julio de 2024, y hasta los actuales 800.000 millones, la valoración de SpaceX realmente "se montó en un cohete".

Pero lo que realmente sustenta esta valoración astronómica no son los cohetes, sino Starlink.

Antes de Starlink, SpaceX, para el ciudadano de a pie, era solo esas impresionantes imágenes en las noticias, que a veces explotaban y a veces aterrizaban.

Starlink lo cambió todo.

Esta constelación de miles de satélites en órbita baja se está convirtiendo en el mayor proveedor de servicios de Internet del mundo, transformando la "exploración espacial" de un espectáculo para contemplar en una infraestructura básica como el agua o la electricidad.

Ya sea en un crucero en medio del Pacífico o entre las ruinas de una guerra, con solo un receptor del tamaño de una caja de pizza, la señal se derrama desde cientos de kilómetros de distancia en la órbita terrestre baja.

No solo ha cambiado el panorama global de las comunicaciones, sino que se ha convertido en una supermáquina de imprimir dinero, proporcionando a SpaceX un flujo de caja constante y abundante.

Hasta noviembre de 2025, Starlink había alcanzado los 7,65 millones de suscriptores activos en todo el mundo, con un número real de usuarios que supera los 24,5 millones. El mercado norteamericano contribuye con el 43% de las suscripciones, mientras que mercados emergentes como Corea y el Sudeste Asiático aportan el 40% de los nuevos usuarios.

Esta es también la razón por la que Wall Street se atreve a dar a SpaceX una valoración astronómica: no por la frecuencia de los lanzamientos, sino por los ingresos recurrentes que genera Starlink.

Datos financieros muestran que los ingresos previstos de SpaceX para 2025 son de 15.000 millones de dólares, y se espera que se disparen a 220-240.000 millones en 2026, de los cuales más del 80% provendrán del negocio de Starlink.

Esto significa que SpaceX ha completado una transformación espectacular: ya no es solo un contratista aeroespacial dependiente de contratos, sino que ha evolucionado hasta convertirse en un gigante global de las telecomunicaciones con un foso monopolístico.

Víspera de la OPV

Si SpaceX logra salir a bolsa y recaudar 30.000 millones de dólares como desea, superaría el récord de Saudi Aramco de 29.000 millones en 2019, convirtiéndose en la OPV más grande de la historia.

Según las predicciones de algunos bancos de inversión, la valoración final de la OPV de SpaceX incluso podría alcanzar los 1,5 billones de dólares, desafiando el récord de 1,7 billones establecido por Saudi Aramco en 2019, situándose directamente entre las 20 empresas cotizadas más valiosas del mundo.

Detrás de esta retahíla de cifras astronómicas, los primeros en ebullición son los empleados de las fábricas de Boca Chica y Hawthorne.

En la reciente venta interna de acciones, el precio de 420 dólares por acción significa que aquellos ingenieros que durmieron en el suelo de la fábrica con Musk, que superaron innumerables "infiernos de producción", se convertirán en un gran número de millonarios e incluso multimillonarios.

Pero para Musk, la OPV dista mucho de ser el "cash out" tradicional, sino un "repostaje" muy caro.

Anteriormente, Musk se había opuesto a la salida a bolsa.

En una reunión de SpaceX en 2022, Musk lanzó un jarro de agua fría a los empleados, diciéndoles que no fantaseasen con la salida a bolsa: "Salir a bolsa es absolutamente una invitación al sufrimiento, y las acciones solo distraen."

Tres años después, ¿qué hizo cambiar de opinión a Musk?

Por muy ambiciosa que sea una visión, necesita el apoyo del capital.

Según el calendario de Musk, en dos años, la primera Starship realizará una prueba de aterrizaje no tripulado en Marte; en cuatro años, la huella humana se imprimirá en el suelo rojo de Marte. Y su visión última, establecer una ciudad autosuficiente en Marte en 20 años mediante el transporte de 1000 Starships, requiere una cantidad de financiación que sigue siendo astronómica.

En múltiples entrevistas ha declarado claramente que el único propósito de acumular riqueza es hacer que la humanidad se convierta en una "especie multiplanetaria". Desde esta perspectiva, los miles de millones de dólares recaudados en la OPV pueden considerarse como el "peaje interestelar" que Musk cobra a los terrícolas.

Esperamos con ilusión que la mayor OPV de la historia humana no se convierta finalmente en yates o mansiones, sino que se transforme en combustible, acero y oxígeno, allanando ese largo y arduo camino hacia Marte.

Preguntas relacionadas

Q¿Cuál fue el momento más crítico para SpaceX antes de su éxito?

AEl momento más crítico fue en 2008, cuando SpaceX estaba al borde de la bancarrota después de tres lanzamientos fallidos del Falcon 1. Solo quedaba dinero para un último intento. Si el cuarto lanzamiento fallaba, la empresa se disolvería y Elon Musk lo habría perdido todo.

Q¿Qué principio fundamental guió a SpaceX en la reducción de costos y la reutilización de cohetes?

AEl principio fundamental fue el 'razonamiento de primeros principios'. Musk analizó los costos básicos de los materiales y desafió las suposiciones de la industria, lo que llevó a ideas innovadoras como la reutilización de cohetes y el uso de acero inoxidable en lugar de materiales compuestos costosos.

Q¿Qué papel juega Starlink en la valoración y el futuro de SpaceX?

AStarlink es clave para la valoración de SpaceX, ya que genera más del 80% de sus ingresos previstos para 2026. Con millones de usuarios globales, se ha convertido en un proveedor de internet esencial y una fuente constante de flujo de caja, respaldando la visión a largo plazo de la colonización de Marte.

Q¿Por qué Elon Musk inicialmente se opuso a que SpaceX cotizara en bolsa y qué lo hizo cambiar de opinión?

AMusk se opuso inicialmente porque creía que la cotización en bolsa distraería a la empresa y generaría dolor innecesario. Cambió de opinión debido a la necesidad de financiar proyectos masivos como la colonización de Marte, que requieren inversiones astronómicas que una IPO podría proporcionar.

Q¿Cómo afectó el éxito del cuarto lanzamiento del Falcon 1 al futuro de SpaceX?

AEl éxito del cuarto lanzamiento en 2008 salvó a SpaceX de la bancarrota inmediata y demostró que una empresa privada podía lograr hazañas espaciales. Esto llevó a un contrato de 1600 millones de dólares con la NASA, asegurando la supervivencia y el crecimiento futuro de la empresa.

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