El 1 de abril, el famoso cantante de música china Zhou Shen lanzó la canción principal 'Crónica Lunar' del drama de fantasía de época 'Qiji de Escamas Lunares', incluyendo una declaración de derechos de autor en el preludio y las páginas de letras que indica "prohibido para entrenamiento de inteligencia artificial (IA)". Esta medida se convierte en el primer caso típico en China que establece líneas rojas de derechos de autor específicamente para la tecnología IA en el momento del lanzamiento de una obra, marcando la entrada de los músicos en una nueva etapa de "defensa digital" para proteger sus derechos de voz y soberanía creativa.
La declaración especifica en detalle: Sin el permiso por escrito del titular de los derechos de autor, se prohíbe estrictamente su uso o publicación de cualquier manera (incluyendo covers, regrabaciones, mezclas, etc.); Sin autorización, la obra está estrictamente prohibida para actividades de entrenamiento, imitación, aprendizaje o generación de IA. Esta acción responde directamente a la creciente proliferación en la industria de fenómenos como la "clonación de voces con IA" y el "lavado de canciones con algoritmos". Zhou Shen había expresado previamente en público su examen racional de la tecnología IA, enfatizando que, aunque la IA puede lograr una precisión extrema a través de algoritmos, no puede replicar las "emociones vívidas" y el alma artística que los humanos pulen repetidamente en el canto.
En el año 2026, donde la música con IA entra en exploración comercial, esta declaración "contundente" no solo construye un cortafuegos técnico para la voz original, sino que también proporciona un modelo estandarizado para resolver la legalidad de la autorización de los datos de entrenamiento de IA. Los expertos de la industria creen que este enfoque, que bloquea la intención de infracción desde la fuente de la obra, reducirá significativamente el listón de la prueba en las subsiguientes reclamaciones de derechos de autor. Con el ejemplo pionero de artistas líderes, la industria musical está acelerando la construcción de un consenso legal sobre los límites de la colaboración humano-máquina, reafirmando que la emoción humana insustituible sigue siendo el núcleo de la creación artística en medio de la ola de avances tecnológicos.





